“Ve y cuéntale a la gente que yo estaba obsesionado.”
Eso me dijiste cuando decidiste irte.
Y lo he pensado muchas veces…
Si amar con intensidad, si luchar por lo que uno siente, si no rendirse cuando las cosas se rompen…
Si todo eso es obsesión, entonces sí.
Diles que estaba obsesionado.
Pero también diles que fui imperfecto.
Que fallé, que me equivoqué, que a veces no supe cómo sostener lo que más quería.
Diles que no siempre fui el hombre que merecías, pero que nunca dejé de intentarlo.
Y sobre todo, diles que amé.
Con todo lo que tenía.
Con miedo, con esperanza, con errores, con ternura.
Amé sin manual, sin estrategia, sin garantías.
Amé como se ama cuando uno cree que el amor puede sanar lo que el tiempo ha desgastado.
No me avergüenza haber querido salvar lo nuestro.
No me avergüenza haber llorado cuando te fuiste.
Lo que sí me dolería sería haberme quedado callado, fingiendo que no me importaba.
Así que sí, si alguien pregunta…
Diles que estaba obsesionado.
Pero que mi obsesión no era por controlarte, ni por retenerte.
Era por no perder lo que para mí era hogar.
