No era tan difícil.Tan fácil que era respirar antes de responder.Tan fácil que era valorar sin exigir.Tan fácil que era amar sin miedo.
Pero no lo entendí entonces.
Me perdí en mis propias tormentas, en mis propias heridas. Y fueron esos mismos errores, los que me llevaron a fallarte una y otra vez, los que me hicieron buscar en el otro lado
lo que siempre tuve contigo.
Creí que me faltaba algo.
Que había algo más allá, algo mejor, algo que me completara. Pero lo que me faltaba era la madurez para ver lo que ya tenía. Lo que me sobraba era el miedo a quedarme, a elegirte, a elegirnos.
Hoy, desde este lado del tiempo,
me doy cuenta de que lo difícil no era amar,
era aceptar que ya lo tenía.
Y que a veces, el amor no se pierde por falta de sentimiento, sino por falta de conciencia.
Si estás leyendo esto y alguna vez sentiste que lo tenías todo pero no supiste sostenerlo,
no estás solo. A veces fallamos buscando respuestas afuera, cuando la verdad siempre estuvo dentro.

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